LOS MEJORES VINOS DE 2024: 15 ETIQUETAS DE LAS QUE SOLO HABLAN LOS ENTENDIDOS

Vuelvo a tirar de cliché y os traigo una selección de vinos que son un ejemplo de tendencias vigentes, cada una en su medida, para que en este 2024 no dejéis de estar en la vanguardia del consumo vinero.

No puedo permitir que un esquirer no esté a la última.

Gracias a mí, nadie podrá decir de vosotros que estáis desactualizados, uno de estos cada diez días y podréis llevar la cabeza bien alta, incluso comentar, preocupando a tu entorno más cercano, que sigues siendo un iniciado, un winelover.

Los mejores vinos de 2024: blancos de entidad

No descubro nada, al menos desde hace algo más de una década los mejores vinos blancos de España no dejan de adquirir protagonismo. Cada vez hay más referencias con pretensiones, potencial de guarda, contundencia y, por tanto, de cierto nivel de precio. Y así vamos a seguir.

Carlos Sánchez, Buradón, Las Plegarias, 2021, DOCa Rioja. 27,05 euros.

Uno de mis descubrimientos blancos del año ha sido este Rioja monovarietal de viura. Fermenta en barrica junto a una posterior crianza de 10 meses en sus lías, lo que nos depara un vino complejo tanto en sabores como en texturas, ya que combina filo con cierta densidad.

Es fino, pero algo graso, con aromas frutales y sabor salino. Vamos, que te puedes tirar una tarde analizándolo y estará, a cada poco, creciendo y cambiando.

Muy mutante esta joya.

Dominio do Bibei, Lalume, 2020, DO Ribeira Sacra. 18,60 euros.

Os propongo otra referencia de culto a base de Treixadura, una variedad de la que cada vez bebo mejores vinos. Tengo la sensación de que anda algo infravalorada para el nivel que empiezo a observar.

Lalume, además, presenta un gran potencial de guarda, en eso es bastante ambivalente dado que también ofrece rendimiento inmediato si lo queréis descorchar ya.

Por el precio que tiene es difícil beber mejor.

Los mejores vinos de 2024: rosados rojos

Si bien no niego que en el sector menos civilizado y recreativo se prefieren los rosados de cromática provenzal, color piel de cebolla, para beber fresquitos, incluso con un hielo ahí metido, el iniciado se decanta por opciones menos frívolas. Rosados con largas crianzas o tonos contundentes buscando más la parte vínica que la del refresco.

Aquí también se podría incluir la irrupción de los claretes, pero es que yo eso lo sigo considerando un subgénero del tinto.

Pardas, Sumoll, Rosat, 2022, DO Penedés. 15,20 euros.

El asunto del potencial de guarda en los blancos parece superado y los negacionistas del mismo, o han abrazado la fe verdadera o, felizmente, han fallecido. En el tema de los rosados empieza a darse la misma epifanía, pero aún no todo el mundo está convencido. No creo que sea de consumidor serio pensar que un rosado, por el simple hecho de serlo, no pueda ser un vino de guarda o que mejore espectacularmente con el paso de los años.

Chivite, Can Rafols dels Caus, Tondonia, Akutain, Ripa, por no hablar de franceses como Château Simone han destruido, triturado, aniquilado, exterminado este mito. Como en cualquier otro estilo, los habrá que tengan este potencial y los que no, yo, pertinentemente, os traigo este de Bodegas Pardas que es una auténtica fiesta de la fruta.

Para beber por litros, pero también para guardar algún lustro ya que con el tiempo adquiere una complejidad superclase.

Torremilanos, Ojo Gallo, 2021, DO Ribera del Duero. 22,45 euros.

Otro ejemplo de esta estirpe. Un ojo gallo es un tipo de vino castellano llamado así porque su color es parecido al iris de, eso, un gallo. Así como rojo sangre. Reconozco que no estoy resultando de lo más evocador, pero creedme si os digo que está muy bueno.

Lleva mitad de variedades tintas, con la Tempranillo como protagonista, y blancas con Viura a la cabeza. Realmente, con esta referencia, nos movemos nuevamente en la ambigüedad entre rosado y clarete. Así es que hay que estar a lo que dice la propia bodega, que algo pintará al respecto, y ellos lo tildan de rosado, así es que tema zanjado y a disfrutarlo.

Si lo llamemos como lo llamemos el caso es beber bien.

Los mejores vinos de 2024: tintos de fresqueo

Aquí es donde incluyo a los claretes, dado que, aunque lleven porcentajes de uva blanca notables, son vinos tintos. De poco color, pero tintos.

Finca Genoveva, Caiño Tinto, 2020, DO Rías Baixas. 43,90 euros.

Eso sí, para este texto me he inclinado por un tinto total, sin ambigüedades, ya que es un monovarietal de Caiño Tinto. También me sirve para romper esa idea de que el fresqueo implica vino asequible y no tiene porqué, hay todo un mundo de etiquetas de esta estirpe que se van a tres y cuatro cifras.

Aún así podéis estar tranquilos porque con el que aquí vengo sale barato para la salvajada que es. Es llamativo todos los matices que contiene un vino que entra tan fácil.

Peligrosísimo.

Partida Creus, Trepat, 2021, Penedés. 23,15 euros.

Sigo con el fresqueo en una de sus versiones más radicales ya que esto, más que vino, es zumo de fruta roja con alcohol y no mucho, que este tinto está en solo 11º.

Esto se bebe a una velocidad realmente endiablada, jamás he visto que una botella sobreviva a la media hora si a la mesa hay, al menos, cuatro personas.

Gozadera total.

Los mejores vinos de 2024: tintos centroeuropeos

Fenomenología más reciente, pero no por ello menos excitante, me refiero a la fiebre que hay con las Pinot Noir alemanas, Gamays suizas, y brebajes varios tanto checos, como húngaros, aunque uno de mis preferidos es el siguiente.

Claus Preisinger, Kalkestein, Blaufränkisch, 2022, Burgenland, Austria. 15,15 euros.

Preisinger es miembro del grupo Pannobile, un movimiento de productores austriacos que se conjuraron para recuperar la imagen de los vinos austriacos ya que no nos olvidemos que, a mediados de los 80, tuvieron un escándalo de dimensiones internacionales al descubrirse que algunos le echaban a sus vinos anticongelante para disminuir su acidez y mejorar su estructura y dulzor. Mucho se habla de la picaresca española, pero que lo de ser hijo de puta, en cuanto se puede, es algo bastante internacional. Que esto no fueron casos aislados, que tuvieron que destruir casi cuarenta millones de botellas.

El caso es que a Austria le llevó décadas recuperar prestigio, pero ahora que parece que tiran menos de Tiendas Aurgi y más de terroir, pues los estamos disfrutando. Esta Blaufränkisch no es tan ligera como podríais pensar, pero dada su gran acidez presenta un equilibrio que la dota de sabrosura.

Peter Wagner, Oberrotweil, Spätburgunder, 2021, Baden, Alemania. 26 euros.

Ahora tiramos para Baden, que tan de moda están gracias a que los Borgoñas, la patria original de la Pinot Noir. Se están poniendo realmente exigentes tanto por precio como por disponibilidad. De hecho, el fenómeno es tan loco que está empezando también a suceder con los tintos alemanes.

Por ejemplo, acceder a un Wasenhaus es realmente complicado. Mientras tanto lo que sí podemos comprar es este tinto de fresqueo complejo de Peter Wagner. Una Spätburgunder (Pinot Noir) especiada y amarga, muy a juego con vuestra vida.

¿A qué sí?

Domaine Weinbach, Pinot Noir´S, Grand Cru, Schlossberg, 2019, Alsacia, Francia. 89,25 euros.

El fenómeno ya citado de la gentrificación borgoñona también está poniendo en el mapa a las, hasta hace poco más de una década, denostadas Pinots alsacianas con las que las bodegas tenían un poco de cachondeo. Pero, claro, de un tiempo a esta parte, junto al calentamiento global, se han dado las condiciones para prestarles atención, elaborar buenos vinos y asignarles el valor y precio que merecen.

Esta de los asombrosos Domaine Weinbach es de sus mejores exponentes. Ahora bien, este tinto no es tan ligerito y fresco como el anterior, ojo. Es potente con una estimable estructura, que no pasa nada, hay equilibrio, pero que lo sepáis, no os pongáis a hacer el gilipollas.

Los mejores vinos de 2024: espumosos españoles

Otro fenómeno reciente y, en gran parte, se debe a que los espumosos franceses se están poniendo prohibitivos, hasta los más famosos y mediocres están situando su gama de entrada en 50 euros.

Algo que parece demasiado y más si tenemos en cuenta el gran nivel que están adquiriendo las burbujas españolas en las que, sobre todo, se empieza a notar que están encontrando su lugar a través de una identidad mediterránea (no se juega a ser un sucedáneo del Champagne) y una variedad estandarte como es la Xarel.lo.

Bufadors, Les Voranes, Brut Nature, 2019, Corpinnat. 30,50 euros.

Esta madurez genera que, cada vez más, las bodegas no tengan complejos en lanzar cuvées ambiciosas. Gramona fue pionero en tener en su gama botellas de tres cifras, su triunfo también arrastró a normalizar filosofías de precios, si ahora hay como veinte referencias que superan los 100 euros la botella, por encima de 50 euros hay otras tantas y ya rara es la casa que no tiene una referencia de al menos 30 euros (cifra psicológica adjudicada al Champagne hasta hace unos años).

Bufadors es el proyecto más personal de Ton Mata junto a su pareja Encarna Castillo en donde buscan la excelencia a pequeña escala. Este Les Voranes es un ejemplo de todo lo que he comentado, sin renunciar a su esencia catalana nos ofrecen un vino fresco y austero, su amargor final le delata y me entusiasma.

Recaredo, Subtil, 2018, Corpinnat. 38,90 euros.

Otro monovarietal de Xarel.lo en una bodega que este año hay que poner en valor, ya que en 2024 cumple su centenario: ahí es nada. Y más cuando su apuesta siempre ha sido la de elaborar los mejores vinos posibles.

Este aniversario les pilla en plena forma porque no creo que nunca hayan realizado mejores espumosos que ahora. Y un ejemplo de ello es este maravilloso Subtil que cada año es mejor. De hecho, ya he probado el 2019 y es una locura.

Es fresco, mentolado y con un fondo de lima que lo hace más adictivo que el crack. Lo bueno es que encima es legal. Todo ventajas.

Mestres, Mas Vía, Gran Reserva Brut, 2008, DO Cava. 74,90 euros.

Otra bodega que está cogiendo merecido foco gracias, sobre todo, a lo barroca de su propuesta. Largas crianzas en un espumoso que deja atrás, que destroza la idea esa de beber burbujas bien frías como aperitivo o postre. Este Mas Vía presenta la corpulencia de un blanco o tinto de jerarquía.

Tomarte una carnaza o clavarte una barbacoa con este Mestres es un triunfo de la civilización. De la mediterránea, la cuna del buen vivir, ya dicho sea de paso.

Los mejores vinos de 2024: Nuevo Mundo

Ahí vamos con esta parte del planeta que, cada vez, elabora vinos tan buenos y con tanta personalidad que empieza a no tener sentido esta distinción entre nuevo y viejo mundo en aras de dar a cada país la atención que merece.

Los contenedores conceptuales mejor para otras bebidas.

Zuccardi, Fósil, 2021, Valle de Uco, Argentina. 45 euros.

Y es que si hasta hace, no sé, 5 ó 10 años, tenía la imagen de que Argentina elaboraba tintos demasiado estructurados (y blancos algo anodinos) estamos entrando en una era en la que no dejan de aparecer vinos interesantísimos, muchos de fresqueo, y no solo tintos.

Por eso os propongo esta Chardonnay de jerarquía con crianza mixta, un 70% en depósito de hormigón y el resto en roble francés que hace que su estructura no esté maderizada. Una gozada de vino al combinar a la perfección estructura y fluidez.

Eso sí, podéis guardadlo, que esto en unos años va a estar de domingo.

Torbreck, The Steading, 2019, Barossa Valley, Australia. 45 euros.

Un clásico del país con los animales más locos del planeta. No creo que, dada mi naturaleza esencialmente urbana, pudiera pasar ni dos noches en esa isla en la que no creo que Dios quiera que vivamos.

Por ello mi manera de visitarles es beber sus grandes vinos. Muchos de ellos los hace la gente de Torbreck. Este The Steading es un GSM (Garnacha, Syrah y Monastrell) perfecto para iniciarte en este ensamblaje y bodega.

Mucho mejor que estar mirando dentro de tus zapatillas por si hay una araña mortal.

Vamos no me jodas.

Sadie Family, Soldaat, 2022, Swartland, Sudáfrica. 65,10 euros.

Otro lugar con sus hostilidades y grandes vinos.

Pero bueno, centrándonos en el vino, cierro este textazo con Sadie Family, de los mejores productores del país. Su Garnacha llamada Soldaat da uno de sus vinos más militantes e identitarios ya que ellos piensan que esta variedad es la estrella de su región.

Desde luego con una botella de Soldaat puedes ir a cualquier lado, es de un nivel tremendo. Imposible cansarte de beber este tinto que nunca toca madera en su crianza, solo hormigón. El resultado es contundente, pero fluido, la textura de este vino es una maravilla al igual que la combinación de la fruta roja con la mineralidad.

Asombroso.

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